La primera vez que leí Rayuela, justo cuando iniciaba mi formación universitaria, quise seguir el tablero de dirección. Un día perdí el marcador de la página y confié en mi memoria para retomar el orden de lectura. Al llegar al “final”, me di cuenta de que me había saltado algo importante. Verifiqué una vez más el tablero de dirección, solo para descubrir una enorme omisión (de varios capítulos). De tanto indagar y estudiar el tablero de dirección, di con el punto de desvío, pero además advertí que faltaba el capítulo 55 en el tablero. ¿Un error de imprenta? No. Una decisión deliberada del autor.

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